Una vez aterrizados y aterrorizados de cómo estaba Lhasa estábamos esperando la visita al palacio de Potala. Desayunamos en el Hotel Yak, qué gran hotel y su desayuno igual, desde la terraza vemos el palacio. Unos huevicos, panceta, toast y coffi.
La visita al Potala está regulada y nuestro guía(obligatorio durante toda nuestra estancia en Tibet) había obtenido las entradas el día anterior y la visita era para las 12.40h.
Así con tiempo de adapatarnos a la altura nos llevan a visitar Norbulinga o el Summer Palace, donde los Dalais pasaban el verano. Un sitio mágico, parque, jardines, “casitas” todo lleno de flores, con sus templos. Cada Lama deja su “cagadita” y hace su casita. La anterior se le hace pequeña o hay que dejar algo para que se le recuerde. Todos los templos con los tres budas (sabiduría, compasión y energía).
El tiempo es lluvioso pero se atisba una mejoría, o sea calor de altura y sol para la subida. Hacemos el tiempo para nuestra esperada subida. Yo me he comprado para cubrirme la cabeza una boina rectangular que usan los monjes de aquí.
Si de lejos se hace el Potala grande, desde abajo majestuoso y enigmático, aparcamos y cuando llegamos al primer control de seguridad, 12,30h., entregamos el Permiso del Tibet, ellos tenía registrada una copia, pasaportes, registro policial total. Nos ponen que estamos los 6, yo les hago tachar a Ana, ya que si registramos que entramos 6, luego que pasa con la que falta. Nueva bronca, el guía aguanta el chorreo, las 12.40 es para estar arriba del todo, desde ahí sólo tenemos 60´para visitar todo. Tenemos que subir a pata 13 pisos, a casi 4000 m de altura y contrareloj. Subiendo por escaleras irregulares de diferentes alturas pasamos las rampas de acceso y más escaleras con descansos en terrazas que nos avisa lo que todavía falta.
Nos sacamos una foto y con el aire y nuestra mente concentrada un, dos….hasta los trece pisos. Pero a la mitad otro control policial total, TP, Passport, cacheo, etc. Llegamos arriba, después de ir adelantando y con mucho miedo a los demás peregrinos. Tras subir escaleras de todo tipo, altura, materiales, atravesamos distintas terrazas que nos deja ver lo que falta, etc. La gente se dosifica, a nosotros el reloj nos marca el paso.
Una vez arriba, relajados y con agua ( Nadal ha perdido cuando escribo ésto) , empezamos el descenso viendo todo, altares, tronos, salas, Budas, chortens, etc, De las tres partes del templo, visitamos la central (parte roja) las otras galerías las tiene la administración china y no se visitan. Bajamos todas las plantas y salimos a unas rampas que habíamos subido, pero por el otro lado. No dejan sacar fotos dentro, o sea, que el recuerdo se quedará en nuestra mente y en las fotos publicadas. Tampoco sabemos el precio de la visita ya que el guía guardó las entradas hasta llegar a la frontera.
A la tarde visitamos el templo de Gongkar, en pleno barrio Tibetano de Lhasa, lleno de fieles, guiris y monjes haciéndose los jefes de la barraca. Abren y cierran capillas, un tufo a grasa de yak que luego nos producirá un fuerte dolor de cabeza. En el exterior dos grupos de 20 voluntarios a ritmo de sus canciones están aplastando el suelo para evitar infiltraciones. Cánticos que algunos guiris se animan a “ayudar” cogiendo el contrapeso y al mismo ritmo se saca su foto de “agromán”.
Después de una clase de capillas budistas, repletas de gente, a medio oscuras con un tufo asfixiante acabamos con ganas. Nos queda poca tarde y seguimos visitando el barrio, gente de todas edades, rezando, arrastrándose, tirándose al suelo, con molinillos, banderas, etc. Eso sí, desde arriba, en mitad del paseo, patrullando de 6 en 6, armados, con porras, fusiles, etc nos vigilan y “nos protegen del enemigo” nuestras queridas fuerzas del orden?.
Elegimos otro restaurante, acertamos cenamos muy bien y barato, con la Lhasa beer, traída por los rumanos en año 70. Cerveza suave y en botellas de 2/3. Cansados a dormir y hasta el día siguiente.
Desayunamos fuerte, hoy vamos de monasterios, visitamos dos de los más importantes monasterios en Tibet:
Drepung: que debió albergar a unos 8000 monjes, grande y con grandes espacios, en un paisaje natural muy bueno. Con ambiente especial. Llegamos con el guía y chófer, visitamos a monjas que viven en cuevas. Por los tejados, en obras como el día anterior, cantan para poner ritmo a sus apisonadoras. Visitamos varias salas coincidimos con los rezos. Unos 300 frailes empiezan a emitir sonidos guturales, al principio, parecidos a los reglotes pero luego le pillas la marchita. Salen corriendo unos frailes para recoger una sopa hecha con grasa de yak la reparten y a seguir la marcha. Unos fieles llevan unos fajos de billetes que reparten por partes iguales a cada uno de los frailes. Una ofrenda llamativa por la forma de repartir. Así estamos una hora o más.
Vuelta a Lhasa descanso y a la tarde al templo de Sera. Éste está especializado en las enseñanzas y una imprenta que visitamos. La imprenta la realizan sobre unas tablillas de madera que les van pasando un rodillo como si fuera linóleo. Todo manual, los apredices ponen el papel sobre el grabado, el maestro pasa el rodillo.
Pero también coincidimos con las discusiones, enfrentamientos o amagos de reñir que les ayuda a echar las malas historias y por otro a repasar lo aprendido. Se concentran unos 100 frailes en un parque y nosotros estamos como japoneses sacando fotos a los más broncas. Luego se ponen todos juntos y en frente del monje animador los demás “reglotean”” como esta mañana
Volvemos a Lhasa, con una sensación de estar casi todo el día “secuestrados”, se hace noche pronto, en china todos tienen horario Pekín y Lhasa está a 3000 km oeste de Pekín. Con la sensación de dejar muchas cosas sin ver nos vamos al hotel.
Nos informan que dormiremos el último día junto a la frontera, mosqueo pero no podemos más que resignarnos. Estos chinos son más kartofen que los nazis.
Internet: en China está muy restringido, es más no encontramos en ningún sitio una sala para entrar. Haberlas haylas pero siempre tienen un “no working”. Las que se anunciaban no funcionaban (sic). Sí que dispusimos en el hotel Wifi, pero no pasaba del correo electrónico, el blog estaba restringido y no pudimos entrar. Gracias Reno por tu cortesía pero está claro que de algo no nos queremos enterar de lo que ocurre en China.
Nos despedimos de Lhasa con otra brona con los del hotel, faltaba una toalla en nuestra habitación, no querían darnos el check out, al final después de ser unos posibles ladrones de toallas chinas pasamos a nada, no sorry ni nada, a la “cuenta toallas” del hotel le falla la vista, Karmele subió a hacer el recuento. ¡¡ ojo con mangar toallas a los chinos¡¡¡¡¡
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