Más chinos que en China,
Desayunamos al lado del hotel, el día anterior nos sirvió para aguantar hasta la tarde. La limpieza brilla por todos los sitios. El precio va en consonancia a la limpieza. El café tan bueno-caro 2€ de ayer no es posibol, the machine no working, Los bocatas de plain tortilla tampoco, El inglés de la tendera es tan malo como el nuestro (lo cual es una facilidad para mí). Tras varias explicaciones en un idioma anglo.pakito.estellés con un poco de escenificación de la teatral de mi pueblo, consigo que nos saquen un huevo a la plancha con flavour ( salsa de finas hiernas tipo fondue). La pastelera hace flores con nata, budas, pagodas, etc. En Sibaia podía montarse una pastelería tipo waldisney con una manga y un poco de nata.
Para ahorrar energías cogemos el metro, asustados del nivel de ocupación no podemos saber la que nos espera. La visita de la Ciudad Perdida.
El entrar en la Ciudad Perdida es como los Boers en la peli “55 Días en Pekín”. Ahí estábamos todos, guiris, chinos, mayores, menores, currantes, etc. Había tanta gente entrando que nos dio la sensación que al ser domingo era gratis. Pues no, 6oY(7€) y unas colas para coger las entradas que ni en la Gran Marcha.
Vamos dos a cogerlas mientras tanto los otros piensan si merece la pena, cuando se deciden que no, nosotros cogemos las entradas. Ha cambiado mucho la gente, antes las colas no existían todos se agolpaban y el que más metía los codos ¡bingo!, salía sudoroso pero con ellas. Al coger entradas para el tren, barco, museo, etc; siempre el mismo follón, cuando te tocaba adquirirlas, por los laterales te asaltaban varios chinos y te sacaban de la taquilla y vuelta a empezar. Sólo cuando te encendías en plan navarro ahí se cortaban.
Para entrar en la Ciudad Prohibida, pasas por unos puentes, vigilados por la policía por si llevas algo sospechoso. De civil, de romano nunca he visto tantos cuerpos policiales distintos controlando el acceso. Pasamos por debajo de un retrato del “gran Mao”, te asustas de la gente que hay pero nosotros otros más.
La Ciudad Prohibida se divide en varias zonas, la primera es un hall de libre acceso, la segunda pasas por unos arcos y puentes , en la tercera te encuentras con el ticket office y allí piensa que la densidad de chinos va a disminuir, alegría todo sigue igual. Con entradas nueva cola para acceder a la zona que sólo podían entrar los grandes mandatarios. Tod@s pasamos por el escanner los bols@s para aligerar el tema.
Si a todo esto le sumamos que todos tenemos máquina digital, teléfonos y demás toca a más de una máquina por visitante y todos como borregos sacando las mismas fotos y lugares. Quítate de aquí que ahora saco yo, los altos elevan para sacar las fotos de una sala desde la quinta fila.
Escenas todas, los bebés no usan pañales, llevan pantalones y calzoncillos con una raja para no manchar la ropa. Pues éste, ahí le dio el apretón y ahí lo dejó. Con una banderita que llevaba en la mano, con eso se lo limpió. ¡Aupa patriotas!
Con tanta gente otros hacen el agosto, venta de helados en cajas, gorras con ventilador, diademas de emperatiz, gorros del emperador, propaganda en chino para los guiris, etc. Fotos al instante disfrazándote de los personajes que allí vivían. A su vez un servicio de limpieza que no da abasto, otros se dedican a reciclar los botellines de plástico.
Pasamos por 2 zonas más y al llegar a la zona de la servidumbre nos fuimos hartos de tanta romería. Que mejor que una cervecita en el Hotel Beijing. Allí estuvimos tomándolas al lado de una boda, la novia de rojo (el blanco es color de luto).
Hoy nos toca shopping, en la calle de al lado de la Ciudad Prohibida, hay una calle de grandes almacenes, cuatro seguidos y que sin salir a la calle puedes pasar de uno a otro. Lo curioso es que los precios no son fijos y hay que regatear. Un conocido que por motivos de trabajo va mucho nos dijo que hay que ofrecer un 10% y si estamos intersados subir a un 15%. Otro concido de él sólo ofrece el 5% y le funciona. A nosotros no nos funcionó y algo más caro lo pagamos.
Karmele que es una lanzada, en la primera oportunidad compró dos sin regatear. En el siguiente puesto estaba los mismo a mitad de precio. Estas tiendas son de imitaciones con productos reales. Así nunca sabes si es trucho o no. El precio puede ser un indicio.
Tras las compras se nos hizo la hora de cenar 7 pm., pasamos por un montón de puestos callejeros que tenía la gran pinta, fundamentalmente eran brochetas de pescado (chipirón, sepia, peces, estrellas de mar, caballitos, nécoras, etc. Carne de todo tipo y condición.
Nosotros nos fuimos a un restaurante que tenían los peces en pecera; lsiete chicas te recibían y una de ellas se quedaba al deseo nuestro. Flojo y caro 10€.
Para no hacer la pardillada del otro día tomamos el metro y al hotel. El Tibet Permissión no había llegado, por lo que pensamos que nos lo darían al llegar a Lhasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario